Generación de cristal o generación F (de flojera)

Mucho se habla de la generación de cristal o generación F (de flojera), por lo general, se culpa a los padres de su existencia, y es cierto, que muchos papás, crían a sus hijos como si se tratara de figuritas de porcelana. Pero no me parece justo, culparles solamente a ellos, ya que si observamos con atención, podremos darnos cuenta, de que, este problema no lo han ocasionado sólo los padres, sino que ya viene de lejos y es la sociedad entera la que ha contribuido al mismo.

 

La Generación de Cristal o generación F, se caracterizan por su fragilidad. Son hijos de la llamada generación X (1964 a 1980), que se caracterizó por personas que tuvieron que esforzarse arduamente, para lograr lo que fuera.

 

Y es cierto que los “X” nos enfrentamos a un mundo complejo y hostil. El resultado de esto es que deseamos que nuestros hijos tengan un futuro más cómodo e indoloro, por lo que, sin pretenderlo, algunos han hecho de sus hijos personas, débiles y quebradizas, de cristal.

He observado tres áreas en concreto en las que esta fragilidad se manifiesta con más “virulencia”,  si se me permite la expresión.

 

  1. Son intolerantes a la incomodidad física

El bombardeo continuo, de anuncios de medicamentos varios, que alivian todo tipo de síntomas, hasta los más leves, tienen una buen parte de culpa, por supuesto, los papis de la generación F, disponen de un amplio botiquín para solventar cualquier incomodidad de sus vástagos.

Botiquín familiar
Botiquín familiar
Y es que la generación F, desde niños son personas a las que nunca se les ha permitido tener frío o calor (Para eso estaban sus papás, saltando sobre él o ella, al menor síntoma de incomodidad) Tampoco hambre, al menor indicio de hambre saltaban los papás de nuevo con las galletas María y se las enchufaban en la boca antes de que el niño pudiera decir, “tengo hambre mamá”.
Si estaba algo “Tontito” es que seguro que el peque está incubando algo y había que prevenir, de nuevo los papás armados hasta los dientes con todo tipo de medicamentos supuestamente curativos, le enchufaban al peque, el jeringuillazo de Dalsy, habitual en estos casos, no vaya a ser que se le manifieste algún síntoma de enfermedad y el pobre niño tenga que sentir en sus carnes que es estar resfriado o con fiebre.
Niños hipermedicados
Niños hipermedicados
De manera que este niño al crecer, es la típica persona que al menor estornudo, se toma un Frenadol por si acaso, si nota la garganta irritada, corre a la farmacia a por la Lizipaina, y si le queda algún sobrante de antibióticos se lo toma también por si acaso, no vaya a ser que esté incubando algo fuerte.

¿El resultado? Generación F.

Y así, esta niña o niño que se convertirá en hombre o mujer, crece pensando que sentir una incomodidad es muy malo y hay que evitarlo a toda costa, además de esto, se convertirá en el cliente perfecto de la industria farmacéutica, es paradójico, que estos últimos, intenten hacernos  creer que  la enfermedad es normal, pero que a la vez, nos digan que cualquier pequeño síntoma de la misma es un serio problema que hay que combatir a toda costa, como no, con un fármaco, que amablemente nos proporcionan.
Soy hipocondríaca
Hipocondría y Generación F
No os dejéis engañar, todos esos fármacos que anuncian, son para tapar síntomas, si fueran medicamentos, no os los venderían sin receta, y es que ¡NO CURAN NADA! Quiero decir que si no os tomáis el Frenadol, o la Lizipaina os vais a curar igual, ¿por qué? Primero, porque esos potingues, no están pensados para curar y segundo y más importante, porque el sistema inmune sabe lo que tiene que hacer, que cada cual decida y piense si vale la pena maltratar al organismo sólo por librarse de unos pocos mocos o irritación.

2. Practican la ley del mínimo esfuerzo

Pero no se queda ahí la cosa, como están sobre protegidos, practican la ley del mínimo esfuerzo y como consecuencia evaden o evitan cualquier circunstancia que provoque dolor o esfuerzo prolongado sin resultados a corto plazo. Por supuesto, esta actitud les genera un baja autoestima y autovaloración, por lo que confían muy poco en sus habilidades y por eso mismo, necesitan un reconocimiento constante, su nivel de tolerancia a la critica, al rechazo, o a la frustración, son muy bajos o prácticamente nulos.
Niños con baja autoestima
Baja autoestima

¡Salvemos a la generación F!

Vale, siempre hay una salida y este tema no va a ser menos ¿Qué se puede hacer por la generación de la flojera?Tu hijo no va a romperse porque le marques unos límites razonables, no lo trates con pinzas.

Cuídalo sin agobiarlo
Cuídalo sin agobiarlo
  1. Los niños poseen una curiosidad innata, se que a veces sus preguntas y ganas de aprender son agotadoras y parecen interminables, pero no interrumpas su curiosidad, es más, fomenta su capacidad de asombro.
  2. No les saques todas las castañas del fuego, es decir, no vayas corriendo cada vez que tienen un problema, recuerda que no estarás ahí para ayudarle siempre, más bien, educalo  fomentando siempre su autonomía.
  3. Por último, educa o forma con el corazón, emplea la emoción, recuerda esto, para llegar al cerebro, antes hay que pasar por el corazón y eso se logra educando en la emoción y en el asombro continuo.
Y tú ¿Qué opinas?
Nos leemos pronto 😉